Hace poco decidí renovar mi portátil. Un equipo que durante más de 5 años me ha acompañado, funcionado y rendido a la perfección, salvo por un pequeño tropiezo que tuvo el segundo año y que quedó solucionado en poco tiempo. Fue una muy buena incorporación e inversión, así que lo echaré de menos.

El caso es que como no era por causa de fuerza mayor si no por evolución y necesidad de actualizarme tecnológicamente, iba con suficiente tiempo para migrar las aplicaciones, los datos y otros miles de archivos que unos siempre usa o guarda.

Para ello, cuento siempre con inestimable ayuda informática de mis colaboradores, que me ayudan a resolver aquellas cuestiones en las que yo ya no tengo competencia. Con el tiempo se pierde todo, aunque se gana en otras muchas cosas 😉

Entre algunas de las tareas habituales cuando incorporamos un nuevo equipo informático a nuestra red de trabajo están las de añadirlo al dominio corporativo, autorizar privilegios, instalar aplicaciones, definir reglas de seguridad y comunicaciones, y otro sinfín de aspectos que con el tiempo, uno tiene configurado casi como de forma ‘estándar’ y que en una situación así, hay que tener en cuenta de una sola tirada para empezar a funcionar cuanto antes.

Ahí es cuando me encanta estar en la piel de nuestros clientes y de los usuarios finales que atienden en sus departamentos de asistencia informática. Aún me maravilla ver cómo funcionan nuestras tecnologías y aún me pregunto cómo hay empresas que todavía son algo reticentes a utilizar.

No tengo que esperar a ir a la oficina a que puedan “atender” mi petición.

Al igual que un usuario final de mis clientes, contacto con mi área técnica, esté donde esté.
Indico que necesito ayuda para hacer el proceso de instalación y configuración inicial, y por supuesto, con nuestro sistema, que implantamos en el mercado para asistir remotamente a los clientes, establecen conmigo una conexión en menos de 5 segundos y el disco duro empieza a generar revoluciones.

Así que de golpe, me planto con dos portátiles encendidos y ambos dos funcionando. Uno bajo mi propio teclado y ratón y otro bajo unas ‘manos remotas’, que si te paras por un instante, hasta parece que funcionan por arte de magia.

A un lado del ring, mi todavía actual equipo, funcionando con Windows® 7.

Me pongo a gestionar mi trabajo diario, que no puede detenerse. Respondo mails, preparo propuestas, planifico estrategias y además, me comunico con el resto de mis colaboradores a través de nuestro chat online interno (el mismo que implantamos en proyectos de atención al cliente, ventas o e-commerce).

Una solución que sirve en especial para aquellas empresas que necesitan atender las peticiones comerciales y técnicas desde la web en tiempo real. Nosotros también lo utilizamos con este objetivo. La frase de “en casa de herrero, cuchara de palo”, salvo excepciones contadas, en nuestra empresa no existe. Nuestra política es utilizar lo que se vende para conocerlo mejor 😉

Al otro lado, mi esperado y expectante nuevo “terminal”, funcionando con Windows® 8.1 Pro, y tomado y controlado por el colaborador técnico en cuestión, que sin haber instalado ni configurado nada previamente (solo con una simple conexión a internet ha bastado y una ejecución de fichero), se dedica a hacer volar el puntero de un sitio a otro de la pantalla, en plan “Minority Report”.

Tiene todas las opciones disponibles, sin perder conexión en ningún momento. Las simples y las avanzadas. Todas las que necesita cualquier departamento de soporte informático. Salvo ponerlo boca abajo, puede reiniciarlo (incluso a modo prueba de fallos!), cambiar de usuario, administrar credenciales, transferir archivos, incluso cambiar de red. Y lo mejor. Sin moverse de la silla.

Mientras tanto, y puntualmente, me consulta algo por el sistema de chat online de mi antiguo equipo para ir cerrando pequeños flecos, más bien personales.

La guinda del pastel: sin yo saberlo, este técnico está atendiendo a dos clientes más y conectado en remoto en cada uno. Clientes que tienen consultas puntuales sobre el manejo de nuestro propio sistema y que se resuelven en línea y lo antes posible, siempre. La persona técnica, conectado a mi equipo, desde el mismo Mac con el que trabaja.

Los clientes, uno queriendo conectar desde un iPad a su equipo remoto de la oficina para teletrabajar. Otro, necesita montar nuestro sistema dentro de sus propios servidores corporativos.

Al cabo de un esperado largo rato, finalmente se termina con la configuración de mi nuevo equipo y puedo empezar a disfrutarlo.

Bueno…realmente, hace falta un par de conexiones remotas más para terminar de instalar y configurar mi certificado digital, pero no es un problema tampoco. Accedo a www.conectarme.es, inserto el código que me indican para la conexión y conecto. Así de simple. En 5 segundos, vuelvo a tener a mi colaborador conectado y resolviendo.

¿A quién no le gusta que le ayuden a resolver sus problemas informáticos lo más rápido posible y sin ningún tipo de complicación?

 

A mi sí ;), y con nuestra solución de soporte remoto, las empresas pueden resolver los problemas informáticos de sus clientes de forma muy rápida y efectiva.

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